Rutina.

Rutina.

Ha vuelto a empezar todo (en realidad hace ya tres semanas, pero imaginemos que actualicé cuando tocaba…). Este año las vacaciones -que no el verano- se han hecho cortas. Muy cortas. Ni siquiera las he aprovechado para hacer cosas interesantes, para que mentirnos. Más allá de dedicarme al rol -cosa que no tiene desperdicio, de todos modos- no he hecho mucho. Y podríais pensar: “Claro, y ahora te arrepientes”, pero no. Ni en lo más mínimo. No soy yo persona de moverme mucho, muchos lo sabéis, y durante el mes de Agosto, en el que tuve vacaciones al 100%, decidí que iba a hacerlo lo menos posible. Y lo cumplí. Más allá de la reglamentaria visita anual a Altorricón, no hice nada.

Junio y Julio fueron diferentes. Y duros. Estudiar en verano es una putada. Más si tienes que madrugar, coger tren y dos metros para llegar a clase. Pero todo se supera, todo pasa, y aunque se hicieron eternos, Junio y Julio se fueron. Pero tal como se fueron esos dos meses, Agosto también pasó volando y ahora me ha tocado volver a la rutina de levantarme temprano, coger tren y dos metros para ir a clase. Había empezado este curso con muchísimas ganas, pero la verdad es que mis ganas han ido cayendo en picado desde poco antes de verano. No es que me desagrade, pero parte del curso no ha sido lo interesante que esperaba.

Como todo, esto también se acaba, y ahora solo quedan dos semanas antes de empezar el periodo de prácticas. La empresa a la que voy a ir a hacer prácticas pinta muy bien y sé que voy a acabar haciéndome ilusiones de poder quedarme fija, pero las posibilidades son ínfimas. Deseadme suerte.

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