No voy a ser objetiva [2]: ‘El Club Dumas’ de Arturo Pérez-Reverte.

No voy a ser objetiva [2]: ‘El Club Dumas’ de Arturo Pérez-Reverte.

Aunque soy de la opinión de que todos los libros que pasan por nuestras manos nos marcan de un modo u otro, hoy vengo a hablaros de EL LIBRO que marcó mi vida como lectora. Puede parecer una tontería, pero tengo muy claro que libro marcaría como favorito, cual, de entre todos los títulos que he leído y probablemente de todos los que leeré, me llevaría al fin del mundo: El Club Dumas. ¿Que si tengo un motivo del por qué? Pues no, no lo tengo. Por eso NO voy a ser objetiva tampoco hoy.

Descubrí El Club Dumas y a su autor, Pérez-Reverte, cuando me lo recomendó un amigo, hace ya bastantes años. No recuerdo exactamente cuando me habló de él, pero lo adquirí en Barcelona, durante el año 2011. Recordaba ir con las expectativas altas y cogerlo con muchísima ilusión y ganas. Y no me defraudó. Siempre he sido persona de devorar libros y, como ya dije, de obsesionarme con ellos. El Club Dumas no fue una excepción. En cuanto empecé a leerlo no pude parar. Literalmente. La primera lectura fue del tirón. Empecé la tarde en que me lo compré y no paré hasta acabarlo. Ese día no dormí. Me pasé la noche leyendo.

¿Por qué? ¿Qué tiene de especial este libro para que no pudiera apartarme de él hasta acabarlo? Pues como ya sabéis, no soy crítica literaria ni pretendo serlo. Por eso este apartado del blog se llama “no voy a ser objetiva”, porque sencillamente no sé serlo. A mi, la manera de escribir que tiene Reverte me parece magistral, una obra de arte, así que sumergirme en sus frases era sencillamente como una especie de orgasmo intelectual. Una me guía hasta la otra y no hay pausas. Como la corriente de un río, te arrastra. Reverte tiene ese poder, desde mi puto de vista, claro. Me atrapa en sus palabras y ya no puedo salir de ellas hasta que no paran.

El Club Dumas cuenta un episodio de la vida de Lucas Corso, que, tal y como lo llama su autor, es un “mercenario de la bibliofilia”, un “cazador de libros por cuenta ajena” (y mi primer amor literario, ya que estamos describiendo). Es descrito como un tipo bastante desgarbado, delgado, despeinado, con su gabán arrugado y con las gafas siempre torcidas. Pero no os dejéis engañar porque pese a sus pintas de desvalido, el tipo, de indefenso no tiene nada. Y si no, leed:

«En apariencia, era uno de esos tipos equívocos que uno imagina fácilmente viviendo con una madre anciana que teje calceta y los domingos le lleva al hijo la taza de chocolate caliente a la cama; hijo al que en las películas se ve a veces caminando solo tras un féretro, bajo la lluvia, con los ojos enrojecidos y mustiando “mamá” con desconsuelo de huérfano desvalido. Pero Corso no había estado desvalido en su vida. Tampoco tenía madre».

La historia del libro gira alrededor de dos encargos que recibe Corso por parte de dos clientes. Uno de ellos, autentificar un manuscrito de “El Vino de Anjou”, capítulo de “Los Tres Mosqueteros”. El otro consistirá en conseguir averiguar cual de los tres ejemplares de Las Nueve Puertas del Infierno que sobrevivieron a la Inquisición es el verdadero y cuales son copias. Estos encargos llevarán a Corso a recorrer varias ciudades y a encontrarse con personajes que no le pondrán las cosas fáciles. Pero debo decir que a nuestro protagonista no se enfrentará solo a los sucesos, lo acompaña una mujer bastante especial. No, una mujer no. La Mujer. Irene Adler. ¿Cómo no iba a gustarme el libro?

Solo me queda darle las gracias a mi querido Holden, porque fue él quien, en su día, me presento esta maravilla. Y al resto, leed la novela y ya me contaréis.

2 thoughts on “No voy a ser objetiva [2]: ‘El Club Dumas’ de Arturo Pérez-Reverte.

  1. Y nada, un aplauso para esta reseña no objetiva porque describe perfectamente el sentimiento de muchos de sus lectores 😀 Me alegro mucho de que te gustase tanto, cuando te la recomendé tenía clarísimo quente iba a encantar tanto como a moi.

    El simbolismo del libro, la diabla, Rochefort… todo me pareció sensacional. E incluso probé en su momento la dichosa ginebra Bols, esa que se pasa el libro entero bebiendo, una vez que la encontré en un bar 🙂

    1. Ay, la ginebra… Es algo muy característico de Corso, cierto. Y mira, yo también llegué a probarla (aunque no era Bols) por culpa de este libro, y que cosa más mala…

      No te equivocaste para nada, me gustó muchísimo. Un puntito que te anotas, señor Holden. ❤️

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